Vuelve el horario de verano, te contamos su historia y te damos algunos consejos básicos para ahorrar energía en casa.

Historia:

El horario de verano (DST o Daylight saving time en inglés) fue propuesto por primera vez por Benjamin Franklin en 1784 pero no se empleó hasta la Primera Guerra Mundial, para ahorrar carbón. 

Fue en el año 1943 cuando España decidió adelantar los relojes 60 minutos, y el que algunos expertos tachan de “gran error histórico” es el que ha provocado que en la Península se coma y se cene más tarde que en el resto de Europa.

Se aplica como directiva desde 1981 y, desde la Directiva de 2001, se aplica con carácter indefinido. La Directiva está incorporada al ordenamiento jurídico español por Real decreto 236/2002, de 1 de marzo.

¿A qué países afecta? 

  • La mayor parte de América del Norte, Europa y Oriente Medio, que ajustan los relojes 2 veces al año.
  • La mayor parte de África y Asia no siguen el DST u horario de verano.

Objetivos:

El objetivo del cambio horario es ajustar la jornada laboral a las horas de luz disponibles: desde el pasado domingo el amanecer y el anochecer se hab retrasado una hora. Según los defensores del nuevo horario, no aplicar el cambio supondría desperdiciar horas de luz, puesto que la mayor parte de la población española se ha levanta después de la salida del sol, y de este modo se gana una hora iluminada por la tarde.

Según estimaciones del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el ahorro potencial en iluminación durante el horario de verano en España se estima en un 5%, unos 300 millones de euros.

Eficiencia energética

Aunque existen posturas opuestas frente a esta práctica, lo único seguro es que,  para alcanzar el potencial de ahorro y eficiencia energética óptimo, es
necesario llevar a cabo durante todo el año un uso responsable de la energía a través de pautas de lógica básica:

  • Prescindir de la luz artificial cuando no es necesaria.
  • Instalar sensores que apaguen o regulen la iluminación artificial.
  • Mantener una correcta temperatura de climatización de las viviendas.
  • Comprobar el adecuado funcionamiento de los electrodomésticos.
  • Utilizar tecnologías de ahorro en iluminación de bajo consumo.

El seguimiento de estos hábitos, así como el de muchos otros, permite disminuir el consumo energético anual de cada vivienda hasta un 35% ¡y sin renunciar al confort!

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